martes, enero 08, 2008

Seguimos en W Radio


La llegada del 2008 no hace más que confirmar que será un año muy difícil en varios rubros. Economía, seguridad, falta de empleo, derechos humanos, el gasolinazo como regalo de reyes; a lo anterior se suma la salida de la periodista Cármen Aristegui de su espacio noticioso matutino “Hoy por Hoy”, de WRadio, lamentable pérdida para la verdadera libertad de expresión. La objetividad de Aristegui no es compatible con la nueva línea editorial de Televisa y su socio Prisa.

De Cármen Aristegui se dicen muchas cosas: que es una workaholic empedernida, que es dura con sus colaboradores, (que por otro lado, no se concibe una alta calidad de noticiario sin altas exigencias) Sin embargo, nadie pone en duda su credibilidad a toda prueba: lejos de avenirse al chayo (Remember Víctor Trujillo Brozo, Ciro Gómez Leyva, Denise Maerker), prefiere salir con dignidad y en la boca aquello que “los principios, no se negocian”.

Luego de lo ocurrido, toma relevancia lo dicho por el cardenal Norberto Rivera acerca de las “verdaderas prostitutas, verdaderos prostitutos de la comunicación que deshacen la fama de los demás, no mata el cuerpo del otro, pero es una víbora que mata la fama de los demás” (LaJornada. Diciembre 18, 2007. “Arremete Rivera contra los que destruyen la fama de curas”. Nota de Bertha Teresa Ramírez). No es casual que coincida con la marcha que en España se organizó el pasado 30 de diciembre, en Madrid. “Con la iglesia hemos topado, Sancho”, dijo Cervantes por boca del Quijote. El clero viene con todo, a por sus fueros.

Lo sucedido con Cármen trae a la memoria otro par de eventos recientes, no sólo aquel donde se involucró la política de sotana: uno, lo ocurrido en Venezuela con la no renovación de la concesión del gobierno a Radio Caracas Televisión. Cual si fuese un asunto de competencia directa a los mexicanos, en radio escuchábamos que los radiodifusores y concesionarios mexicanos estaban en contra de esa actitud de Hugo Chávez. No se decía que era una decisión soberana de un Estado, sino más bien un ataque a la libertad de expresión. Algo que hizo el presidente Chávez (como lo hace la secretaría de Gobernación con RadioAMLO en Puebla, Octubre de 2007, al negar espacio radioeléctrico), se transformó en un retroceso democrático, en una muestra de la intolerancia de la izquierda radical encarnada en Hugo Chávez, en un regreso al autoritarismo, en una muestra de que Chávez quería asediar a la disidencia; segundo, con las modificaciones constitucionales respecto de los procesos electorales, los concesionarios mexicanos lanzaron una inédita ofensiva en defensa de la libertad de expresión. Fue divertido ver a Javier Alatorre y Joaquín López Dóriga, llorar como plañideras ante la pérdida de sus espacios mediáticos. Ésta vez, con un asunto que afecta directamente a los mexicanos, no se han escuchado esas voces. Televisa Radio, dice que no le renueva el contrato a Cármen, un simple asunto contractual. Lo mismo que hizo Hugo Chávez con todas las estridencias, en México es algo normal, una decisión comercial. No se habla del espacio plural y contrastante que representó Aristegui. No se habla de la libertad de expresión que muchas voces acaban de perder: los matemáticos del fraude electoral, los debates en serio, los periodistas de Reporte Índigo, los familiares de la anciana de Zongolica, los padres de familia de los colegios Oxford y Oaxaca cuyos hijos fueron violados por profesores, casos donde reina la impunidad y la complicidad de las autoridades, las infames llamadas del “Góber precioso” y Kamel Nacif, las confesiones de Carlos Ahumada Kurtz, y en un sitio preponderante, el espacio que daba a Andrés Manuel López Obrador, tanto que algunos llamaron a Cármen vocera del gobierno legítimo. ¿Libertad de expresión? Se pensaba que era el rating lo que decidía la permanencia o no de un programa radial. Cármen Aristegui lo dijo en su último programa: “se decide no renovar el contrato, cuando estamos en los niveles más altos de audiencia”. No cabe más que buscar otra explicación, y siguiendo aquello de “piensa mal y acertarás”, nos damos cuenta que su salida, al igual que la de Gutiérrez Vivó, fue decidida al más alto nivel (lease Los Pinos), pues la línea independiente que Cármen maneja es incómoda para el gobierno de la República.

Al presidente del Empleo, poco lo importa que se haya perdido un espacio para el verdadero ejercicio de la libertad de expresión. Recuerdo en campaña al candidato Felipe Calderón, apareciendo en Ventaneando (sí, con Paty Chapoy), que a pregunta expresa de Daniel Bisogno: “Señor Calderón, en el sexenio de Vicente Fox, hemos avanzado muchísimo en libertad de expresión, que creo es el mayor camino a la democracia. Piensa seguir con eso o va a haber de repente cierta censura o cambiarían las cosas”, respondió, entre otras cosas, “Si estás entre los dos extremos, entre abuso y libertinaje (por un lado), y (por otro la) censura, yo con todos sus riesgos, prefiero la libertad”. Creo que si le preguntásemos por su opinión acerca de la salida de Cármen Aristegui de wRadio, contestaría: “Es una lástima que se haya perdido un empleo formal”. ¿Los “intelectuales comprometidos” con la libertad de expresión (Aguilar Camín, Ángeles Mastretta, Jaime Sánchez Susarrey, Pablo Hiriart y otros) publicarán un desplegado a favor de la libertad de expresión, en contra de la salida de Cármen Aristegui?. Eso pasaría en un país democrático. ¿Democracia, qué es eso?

Revista Politkovskaya
Enero 6, 2008